7 de octubre de 2011

American Horror Story


Entiendo que es difícil hacer terror en televisión hoy en día. Y más hacer terror clásico teniendo en cuenta que buena parte de los espectadores están más que acostumbrados a unos engranajes que reconocen como canónicos y que pueden identificar como tópicos. Pero como demostró no hace mucho la película de James Wan, Insidius, es posible hoy en día volver a los orígenes y reformular el género desde el conocimiento y, porque no, la autoparodia.

Y quizás siendo conscientes de ese conocimiento del género por parte del público, en American Horror Story (FX), Ryan Murphy y Brad Falchuk (grandes conocedores y amantes del terror) han configurado una historia llena de referencias [1] y lugares comunes de fuerte inspiración gótica [2] rodeada de una atmósfera asfixiante y confusa y adornada con elementos perturbadores e inquietantes.

Una perturbación e inquietud que no solo se consigue con la ambientación, los decorados o las interpretaciones si no también con el caótico montaje de las escenas y las elipsis que parecen obviar a propósito las momentos intermedios de desarrollo entre escenas importantes, lo que hace que la confusión que de por si sus historia y personajes construyen sea aún mayor.

El piloto de AHS es un claro ejemplo de la excesividad que Murphy lleva por bandera. Una exceso que parece venirle como anillo al dedo a la serie que, sin embargo, corre peligro de desgastarse demasiado pronto si basa su desarrollo en que cada nuevo concepto sea más grande y espectacular que el anterior. Pero como eso es mucho especular habrá que esperar al final del episodio trece, si es que antes estas simpáticos voces que he empezado a oír en mi cabeza no me obligan a matarlos a todos y tener sexo con sus cadáveres, claro. 

[1] Carrie, La Semilla del Diablo, Terror en Amityville, Halloween...

[2] En la serie nos encontramos con casi todos los elementos del terror gótico. Un escenario arquitectónico donde se centra la trama, atmósfera de suspense, eventos supernaturales, profecías, erotismo fuertemente marcado...

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